
Estados Unidos: el país que no deja de hacer la guerra
469 intervenciones en 227 años, 30 países bombardeados desde 1945 y una pregunta incómoda: ¿por qué?
Por el equipo de análisis | 27 de agosto de 2026
Hay un dato que debería estar en todos los manuales de historia, pero raramente aparece en los titulares: desde su fundación, Estados Unidos ha estado en guerra durante el 93% de su existencia. De los 248 años de vida de la república, solo 21 han transcurrido sin alguna intervención militar en alguna parte del planeta. El resto del tiempo, ha disparado, bombardeado, invadido o financiado conflictos armados en casi todos los continentes.
Pero el dato más sorprendente no es histórico: es reciente. Cuando cayó el Muro de Berlín y desapareció la Unión Soviética —su gran rival ideológico y militar— muchos esperaban una «paz dividendida». La realidad fue exactamente la contraria: la tasa de intervenciones militares de Washington se multiplicó por casi seis.
En este artículo repasamos los números, desmontamos el mito de la OTAN como escudo universal de estas guerras, y exploramos las razones estructurales que explican por qué el país más poderoso del mundo no puede —o no quiere— dejar de hacer la guerra.
Los números que no mienten
El Congressional Research Service, el centro de investigación del Congreso estadounidense, ha documentado 469 intervenciones militares desde 1798 hasta la actualidad. La distribución por periodos es reveladora:
Hojas
| Periodo | Años | Intervenciones | Promedio anual |
|---|---|---|---|
| 1798–1899 | 101 | 100 | ~1.0 |
| 1900–1945 | 45 | 50 | ~1.1 |
| 1946–1990 | 44 | 68 | ~1.5 |
| 1991–2025 | 34 | 251 | ~7.4 |
Fuente: Congressional Research Service / warcosts.org
Más de la mitad de toda la historia bélica de Estados Unidos se concentró en las últimas tres décadas y media. En ese mismo lapso, bombardeó al menos 30 países distintos. Según datos de la Universidad de Uppsala y la Sociedad China de Estudios de Derechos Humanos, entre 1945 y 2001 Estados Unidos participó en 201 de los 248 conflictos armados registrados en el mundo: el 81% del total.
Y aquí viene otro dato incómodo: de esas 469 intervenciones, el Congreso solo declaró la guerra formalmente cinco veces. La última fue en 1941. El 98,9% restante fueron acciones militares no declaradas, autorizadas por resoluciones vagas, decretos presidenciales o simplemente silencio institucional.
¿Todas con la OTAN? No.
Una confusión extendida —alimentada por la retórica oficial— es identificar las guerras de Estados Unidos con las operaciones de la OTAN. La realidad es muy diferente: la inmensa mayoría de las intervenciones estadounidenses no han tenido respaldo formal de la alianza atlántica.
Operaciones que SÍ fueron de la OTAN
- Bosnia y Herzegovina (1992–2004): Primera intervención militar de la OTAN en su historia (Operación Deliberate Force, 1995).
- Kosovo, Yugoslavia (1999): Bombardeo aéreo sistemático de Serbia (Operación Allied Force).
- Afganistán (2001–2021): La OTAN lideró la ISAF desde 2003. Fue la única vez que se invocó el Artículo 5 (defensa mutua).
- Libia (2011): Zona de exclusión aérea y bombardeos (Operación Unified Protector).
Son cuatro casos en más de siete décadas.
Operaciones que NO fueron de la OTAN
- Corea (1950–1953): Mandato de la ONU, no de la OTAN.
- Vietnam (1961–1973): Intervención unilateral.
- Granada (1983): Invasión unilateral.
- Panamá (1989): Invasión unilateral.
- Guerra del Golfo, Irak I (1991): Coalición liderada por EE.UU., no por la OTAN.
- Irak (2003–2011): La OTAN se negó formalmente. Alemania y Francia lideraron la oposición interna. Reino Unido, Polonia, Italia y España se unieron como naciones individuales a una «coalición de la voluntad», no como alianza.
La OTAN es una alianza defensiva. No está obligada a apoyar guerras ofensivas. Cuando Washington decide actuar, lo hace solo o con coaliciones ad hoc, no necesariamente con el respaldo de Bruselas.
¿Con qué fin? Cuatro ejes que lo explican todo
No hay una única razón. Existe un sistema de intereses que se retroalimenta y que convierte la intervención militar en una herramienta rutinaria de política exterior. Podemos agruparlos en cuatro ejes.
1. Hegemonía geopolítica y económica
Desde los años cuarenta, el objetivo declarado de la política exterior estadounidense ha sido que ninguna fuerza autóctona independiente —Rusia, China, Irán, etc.— pueda influir sustancialmente en regiones clave del planeta.
Esto implica dos cosas:
- Impedir la emergencia de modelos alternativos al capitalismo. La contención del comunismo durante la Guerra Fría ha mutado en la contención de China y de cualquier sistema que cuestione el orden liberal occidental.
- Mantener la primacía del dólar. Especialmente en el comercio internacional de petróleo. Cuando un país intenta vender crudo en otra moneda —Iraq, Libia, Venezuela, Irán— la respuesta suele ser la coerción militar o económica.
2. Control de recursos energéticos
Oriente Medio concentra cerca de la mitad de las reservas mundiales de petróleo y el 40% de las de gas natural. La doctrina dominante, documentada por analistas como Noam Chomsky, establece que esos recursos deben estar bajo control estadounidense o de sus aliados, y que ninguna potencia independiente pueda influir en la producción o el precio.
Hoy, con el auge del fracking, Estados Unidos es el mayor exportador de energía fósil del mundo. Las guerras que desestabilizan a competidores —Irán, Venezuela, Rusia— terminan beneficiando a sus propias corporaciones petroleras.
3. El complejo militar-industrial
El historiador William Blum identificó entre los imperativos de la política exterior estadounidense la necesidad de promover recursos financieros para los contratistas domésticos de la defensa, que colaboran generosamente con los miembros del Congreso.
Estados Unidos gasta más en defensa que los siguientes diez países juntos. Las guerras no son un fallo del sistema: son el negocio del sistema. Cada conflicto genera contratos para Lockheed Martin, Raytheon, Boeing, Northrop Grumman. Cada base militar en el extranjero —hay más de 750 en 80 países— es un nodo de consumo presupuestario.
4. Protección del comercio y las corporaciones
Aproximadamente el 20% de las 469 intervenciones se categorizan como «protección de comercio y propiedad». Desde las Guerras de Berbería (1801) hasta el control de rutas petroleras en el Golfo Pérsico, la línea conductora es clara: el comercio estadounidense debe fluir, y el ejército existe para garantizarlo.
Casos paradigmáticos: Guatemala (1954, para proteger a United Fruit Company), Chile (1973, con participación de ITT), Panamá (1989, control del canal).
El caso especial del petrodólar
Hay un hilo conductor que une a muchos de los países bombardeados o sancionados por Washington desde 2001: intentaron vender petróleo fuera del dólar.
- Iraq (2000): Saddam Hussein anunció que vendería crudo en euros. La invasión llegó en 2003.
- Libia (2011): Gadafi impulsaba un dinar de oro africano. Fue derrocado por una intervención de la OTAN.
- Irán y Venezuela: Ambos han intentado desdolarizar sus exportaciones energéticas. Ambos están bajo sanciones extremas.
Cada vez que la hegemonía del petrodólar se ve amenazada, el centro imperial recurre a la coerción. No es una conspiración: es una correlación documentada por economistas e historiadores durante décadas.
Conclusión: un sistema que se alimenta a sí mismo
Estados Unidos no hace tantas guerras porque se sienta amenazado. Las hace porque el sistema que construyó tras 1945 —hegemónico, financiero, corporativo y militar— requiere una expansión constante para seguir funcionando.
Cada intervención, cada base en el extranjero, cada sanción económica, es una forma de asegurar que ningún otro país pueda disputarle el control del orden global. La OTAN, en muchos casos, es un instrumento secundario; la herramienta principal es la capacidad militar unilateral, respaldada por un presupuesto de defensa que supera los 800.000 millones de dólares anuales.
El resultado es un país que ha pasado del rol de «líder del mundo libre» al de potencia militar permanentemente en guerra, con un coste humano incalculable para decenas de millones de personas en el planeta, y con un precio económico que, como advierte el economista Jeffrey Sachs, podría estar acelerando el propio colapso económico de Occidente.
La pregunta no es si Estados Unidos dejará de hacer la guerra. La pregunta es si el resto del mundo seguirá aceptando que lo haga.
Fuentes y referencias
- Congressional Research Service / warcosts.org: 469 Military Interventions Since 1798.
- Sociedad China de Estudios de Derechos Humanos, basado en datos de la Universidad de Uppsala.
- Noam Chomsky: Hegemonía o supervivencia.
- William Blum: Rogue State: A Guide to the World’s Only Superpower.
- Jeffrey Sachs, entrevista con Glenn Diesen (agosto 2026).
- Anexo: Intervenciones militares de Estados Unidos (Wikipedia / Congressional Research Service).
La imagen indómita. Ana Fernández
