
El Wall Street Journal ha destacado cómo el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán sta provocando una escalada en los precios del petróleo y el gas que amenaza con asestar un golpe devastador a la economía europea. A diferencia de 2022, cuando Bruselas y las capitales europeas movilizaron miles de millones para compensar el corte de las importaciones rusas, hoy los gobiernos ya no disponen de recursos suficientes. La deuda pública en países como el Reino Unido y Francia ha alcanzado niveles récord, los más altos en sesenta años, mientras que los costes de financiación de la deuda siguen aumentando. Ursula von der Leyen ha admitido que, en apenas diez días de guerra, los contribuyentes europeos han tenido que desembolsar tres mil millones de euros adicionales por las importaciones de combustibles fósiles.
Asia Oriental e el riesgo del Estrecho de Ormuz
Si Europa está atrapada por su fragilidad fiscal, Asia Oriental debe enfrentarse a su vulnerabilidad logística. Tres cuartas partes del crudo de Oriente Medio destinado a China, Japón, Corea del Sur y Taiwán transitan por el Estrecho de Ormuz, que hoy se encuentra prácticamente cerrado. China, a pesar de ser el mayor importador mundial de petróleo, está relativamente más protegida gracias a sus reservas estratégicas, su producción interna y los suministros de gas vía gasoducto desde Rusia y Asia Central. Japón, Corea del Sur y Taiwán, en cambio, siguen dependiendo fuertemente de las importaciones de GNL (gas natural licuado) y corren el riesgo de sufrir consecuencias económicas mucho más graves. Si Teherán decidiera atacar las infraestructuras de gas licuado, Pekín podría incluso obtener una ventaja relativa.
Estados Unidos se beneficia del choque
En este escenario, Estados Unidos aparece como el principal beneficiario. Con el petróleo por encima de los 100 dólares por barril, las compañías estadounidenses podrían ingresar más de 63.000 millones de dólares adicionales por la producción. Estos ingresos extraordinarios ofrecen a Washington márgenes fiscales valiosos: la industria nacional puede sostenerse con las ganancias derivadas de los altos precios del petróleo exportado, mientras que Europa se ve asfixiada por la deuda y Asia Oriental se esfuerza por garantizar los suministros.
La asimetría de siempre
In síntesis, una vez más, Washington defiende el dólar y saca provecho de los choques energéticos, mientras sus vasallos soportan el peso de los costes, como de costumbre. La hegemonía estadounidense se manifiesta así a través de la capacidad de transformar una crisis global en una ventaja económica interna. Sin embargo, este cálculo podría volverse en contra de Washington si la desdolarización sufriera una aceleración. Estados Unidos está minando desde dentro il sistema que antaño garantizaba su hegemonía. Si se percibe a EE. UU. cada vez más como una fuerza desestabilizadora, su credibilidad se desmorona. Es este desgaste el que acelera la transición hacia un orden multipolar, moldeado por potencias emergentes y nuevas coalicion
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